miércoles, 22 de julio de 2015

A veces: violencia de género

Tomado de: http://homozapping.com.mx/2015/07/a-veces-violencia-de-genero/

A veces: violencia de género

Escrito por  el 17 julio 2015 a las 2:20 pm en Arte y Cultura, Sociedad

Por: Gloria Serrano
Imágenes: Exposición “Las mujeres decentes de la 58”, Museo Fernando García Ponce-Macay, 2012.
Imágenes: Exposición “Las mujeres decentes de la 58”,
Museo Fernando García Ponce-Macay, 2012.
Andamos
cambiándonos nosotras
para cambiar el mundo.
Guisela López, escritora guatemalteca
A veces, leyendo el periódico, uno se entera de sucesos afortunados y de calamidades. Provechosos acontecimientos como La Semana de Yucatán en México que se realiza del 10 al 19 de julio en el Palacio de los Deportes y deplorables escenas, azotes a la dignidad humana que toman el cuerpo o la voz de una persona en particular, como los de cierta adolescente que tuvo relaciones sexuales con un hombre casado y, en represalia a su actuar clandestino, fue obligada a caminar desnuda por las calles de la comisaría de X’Bec en Yucatán. A veces también ocurre que uno escucha a sus conocidos decir frases como “parece bien portada” o “esa no es buena chica”. Son serenas y cotidianas expresiones que con ferocidad definen a nuestro género, a las mujeres correctas que se ocupan del hogar y de sus hijos o a las vendedoras de placer que por las noches reciben dinero a cambio de una caricia, un beso o algo más, como las sexoservidoras de la calle 58, en el centro de Mérida, también en Yucatán.
A veces hay mujeres que -literalmente- todas ellas son venganza pura, como la que sorprendió a su esposo teniendo sexo con una menor de edad a la que desnuda y exhibe con sadismo por las calles de la comisaría de X’bec, mientras le grita “lárgate, a las zorras así se les trata”. A veces hay otras mujeres que transforman su rabia contenida en esperanza, como Susana Collard, quien decidió contar y reivindicar lo que es normal para mucha gente, las historias de las trabajadoras sexuales de la capital yucateca, luego que en 2012 visitara la muestra de textos e ilustraciones coordinada por el fotógrafo y antropólogo Christian Rasmussen en el Museo Fernando García Ponce-Macay, en la Ciudad Blanca. Fue a partir de ello que Collard desarrolló la dramaturgia de “Las mujeres decentes de la calle 58”, la puesta teatral que se presentó del 10 al 12 de julio en el foro La Cantera de la Ciudad de México con la compañía Asheville Contemporary Dance Theatre.
Imágenes: Exposición “Las mujeres decentes de la 58”, Museo Fernando García Ponce-Macay, 2012.
Imágenes: Exposición “Las mujeres decentes de la 58”,
Museo Fernando García Ponce-Macay, 2012.
A veces las gélidas estadísticas que ofrece el INEGI y ahora recoge el periodista Humberto Padgett en su artículo “La violencia en el EDOMEX alcanza a todas las mujeres; ninguna se salva”, son terroríficas: “24.5 millones de mujeres casadas o unidas de 15 y más años en el país, poco más de 11 millones, han vivido algún episodio de maltrato o agresión en el transcurso de su vida conyugal. 16.2 por ciento de las mujeres casadas o unidas violentadas por su pareja han sufrido agresiones de extrema gravedad. 56.4 por ciento de las casadas o unidas han vivido algún episodio de violencia económica”. Son cifras que deberían ponernos, al menos a las mujeres, el corazón caliente y la mente pensativa. Más, si consideramos que hay quienes afirman que el feminismo o la perspectiva de género están de moda. ¿Será también un uso, una costumbre en boga que el Estado de México represente la entidad de la República Mexicana con el mayor número de mujeres casadas o unidas que han sido agredidas por su pareja a lo largo de su relación?, ¿será algo pasajero que 52 de cada 100 han sufrido al menos un incidente de violencia en el último año?
Aquello que identifica “lo femenino” y “lo masculino”, es una construcción sociocultural a la que todos ponemos un ladrillo con el que vamos edificando sólidos muros, unidos y fijados con una argamasa que define la distribución de poder entre géneros y asuntos como la autonomía de la mujer con respecto a su cuerpo o el reconocimiento jurídico de sus derechos sexuales y reproductivos. A veces, cuando esos muros se agrietan, se filtran esfuerzos reivindicadores como el sitio web “Nunca más a mi lado”, un “proyecto literario que pretende desenterrar y exponer historias de violencia de género”. Son mínimas demoliciones cotidianas que reclaman otro tipo de convivencia y nuevas formas de comunicar la equidad, las cuales alcanzan su culmen en manifestaciones como #NiUnaMenos, la concentración del 3 de junio pasado frente al Congreso de Buenos Aires, en Argentina, que se originó a raíz de la muerte de Chiara Páez, la joven de 14 años, embarazada y presuntamente asesinada por su novio. Un acto masivo que sobrepasó cualquier expectativa, de la misma forma que los feminicidios rebasaron el silencio y la vergüenza de la sociedad argentina.
Sin embargo, por descabellado que parezca, a veces las propias mujeres devoramos mujeres y después vomitamos números, desapariciones y asesinatos. A veces inclinamos la cabeza y permitimos que nuestra mudez nos engulla y otras, es la colectividad quien con una palabra puede hacernos pedazos o dejarnos crujiendo, en segundos, como ramitas secas. A veces es de admirar el talento del ser humano para la crueldad. A veces uno escribe por situaciones sistemáticas e inadmisibles que se convierten en fotografías de nota roja, cadenas de complicidades, dedos acusadores, temores en minifalda caminando por las calles, abortos clandestinos, alertas de género tardías, agresiones disfrazadas en los bares o comentarios exaltados en las redes sociales. Saber quién fue Flora Tristán o quién es Gloria Steinem, a veces contrarresta la fuerza de este persistente Leviatán. Sin embargo, mirarnos a nosotras mismas y reconocer los rostros detrás de la violencia, podría ser una sacudida tan tremenda como el temblor de Nepal que aceleró la rotación del planeta 1.6 microsegundos. A veces la tierra requiere estos ajustes, las sociedades también.
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sábado, 28 de febrero de 2015

DECLARACIÓN “Por un 8 de marzo sin abortos clandestinos: Aborto libre, seguro y gratuito”



Este seis de marzo, con motivo del día internacional de las mujeres, nos tomaremos las calles para conmemorar un año más de lucha por nuestras reivindicaciones y derechos aún pendientes. Hemos estado en el centro de cruciales debates políticos durante muchos años; aun así, nuestras voces han estado ausentes, pese a que nos hemos mantenido firmes en los espacios públicos de acción y debate.

¡Tenemos mucho que exigir, proponer y conquistar!

Anualmente, entre 120.000 y 160.000[i] mujeres seguimos expuestas a las brutales consecuencias de los abortos clandestinos, consecuencias que viven principalmente las mujeres pobres. El debate entre los diversos sectores políticos que componen el parlamento está centrado en el proyecto de Bachelet de despenalizar el aborto sólo por tres causales: inviabilidad fetal, peligro de vida de la mujer embarazada y embarazo producto de una violación, medida que da respuesta al 3% de las mujeres que abortan. En este país, el derecho a decidir libremente sobre nuestros propios cuerpos y vidas, aún está secuestrado en las cúpulas de poder del parlamento y las iglesias, por los fundamentalismos religiosos que amparan y reproducen los sectores conservadores de esta sociedad, manteniendo bajo estricto control patriarcal nuestras vidas y preservando la herencia de la Dictadura en materia de derechos sexuales y derechos reproductivos. Las tres causales no son una respuesta que solucione el problema de la clandestinidad y el reconocimiento pleno y goce de nuestros derechos.

Es por esto llamamos a marchar  “Por un 8 de marzo sin abortos clandestinos, por un aborto libre, seguro y gratuito”.

Figuras antiderechos  como Ezzati que avala la impunidad de curas abusadores sexuales, Ricardo Sande,  presidente de la FEUC, Ignacio Sánchez, rector de la PUC, quien amenaza con no ajustarse a la ley; partidos políticos de derecha vinculados a muertes, torturas y desapariciones de personas; la Democracia Cristiana, que saltó al escándalo con las declaraciones misóginas de Lorenzzini y se desenmascaró con el documento interno que ratifica el V Congreso Ideológico de la Falange y su postura anti-mujeres, así también  como otros personajes dentro de la Nueva Mayoría que se oponen al aborto,  se hacen llamar provida e inician una cruzada moral en contra de nuestra libertad de decidir.

A ellos y a esta hipócrita democracia les dedicamos las palabras textuales del Manifiesto  de las 343 (Simone de Beauvoir, 1971) y les replicamos: “les prohibimos terminantemente utilizar el término ‘respeto a la vida’. Ésta es una obscenidad en sus bocas. Somos millones y lucharemos hasta el final para lograr lo que se nos debe: disponer libremente de nuestros cuerpos”.
Por la lucha de las  mujeres y feministas a lo largo de la historia, todas desde nuestras diversidades nos movilizamos para cambiar los hilos y directrices de este país heredero de la impunidad:

Las trabajadoras marchamos para levantar un Nuevo Código Laboral que acabe de una vez con nuestras precarias condiciones de trabajo y de vida. Somos aproximadamente el 70% de la fuerza de trabajo subcontratada, el 22% de nosotras gana el salario mínimo e incluso menos, y del total de los hogares dirigidos por mujeres el 55% está bajo la línea de la pobreza. Luchamos por el derecho a una maternidad protegida para  las trabajadoras sin importar cuál sea su situación contractual, para que todos los empleadores, ya tengan una o dos mujeres contratadas paguen el derecho a salas cuna que necesitamos para poder trabajar.

Las mujeres todas lesbianas, bisexuales, trans luchamos por el derecho a vivir nuestra sexualidad libremente, por la derogación del artículo 365 que criminaliza nuestras manifestaciones de amor, luchamos por el reconocimiento de nuestras familias, relaciones y el derecho al placer. Exigimos terminar con las distintas manifestaciones de violencia hacia todas las mujeres: ¡Basta de femicidios e impunidad!.

Las estudiantes junto con sus madres, padres, apoderados y apoderadas marchamos para exigir una Educación gratuita, laica y No sexista y por nuestro derecho a una educación sexual sin la moral de las iglesias y los sesgos del género.

Las mujeres Mapuche marchamos por el cese de la militarización del Wallmapu y de las violencias contra el pueblo mapuche y otros pueblos originarios, por echar abajo la ley antiterrorista  y por la devolución de nuestras tierras ancestrales.

Las trabajadoras sexuales marchamos para visibilizarnos como mujeres organizadas, para decir basta a la discriminación que recae sobre nosotras. Exigimos un marco legal que reconozca nuestra actividad como trabajo que permita mejorar nuestras condiciones laborales y de vida,  para detener el hostigamiento y la violencia policial que nos amedrenta en las calles.

Marchamos las mujeres de los campos y las trabajadoras rurales por la protección de los recursos naturales, la recuperación de la soberanía alimentaria de nuestros pueblos y la defensa de nuestros bienes comunes. Denunciamos los costos que significa para la salud y nuestros cuerpos las malas condiciones laborales y de explotación, así también el saqueo y la patentación de semillas por parte de las transnacionales imperialistas.

Las mujeres y niñas con discapacidad exigimos desarrollo económico y social inclusivo y sustentable para todos y todas,  con ejercicio y goce de nuestros derechos sexuales y reproductivos, así como nuestros derechos civiles y políticos.

Con diversas voces muchas de nosotras levantamos la propuesta de Asamblea Constituyente que permita a todos los sectores de la población y en especial a los más explotados y golpeados por este sistema capitalista y patriarcal, instalar procesos de transformación que respondan a nuestras demandas por una vida mejor y en solidaridad.

 ¡Por un 8 de marzo sin abortos clandestinos: aborto libre, seguro y gratuito!
¡Mujeres organizadas y de pie!


[i] Según Guttmacher Institute. Panorama general del aborto clandestino en América latina, 1990. Tabla 1 incidencia del aborto: 159.650 abortos en Chile.
Maira, Hurtado y Santana (2010): estimación de 120.000 abortos inducidos anualmente.

miércoles, 7 de enero de 2015

LO QUE LOS DICHOS NO DICEN Por Soledad Acevedo Arenas


molina-la-segunda

Fuente:
http://eldesconcierto.cl/aborto-en-chile-lo-que-los-dichos-no-dicen/

Soledad Acevedo Arenas*
Coordinadora Autónoma contra la Violencia hacia Mujeres.
Campaña Derecho a Decidir = Personas Libres


La ex ministra Helia Molina no falta a la verdad cuando se refiere a que el aborto clandestino acentúa las diferencia de clases, tal y como lo resaltó el titular de portada de La Segunda. Más aún, expresa algo que es sabido por todas y todos: la ilegalidad del aborto no es sólo asunto de salud pública sino también cuestión de clase.

Dolorosamente, hemos sido testigos de casos reiterados de mujeres jóvenes, menores de edad, chicas que viven en condición de pobreza, en lugares rurales y sobrevivientes de violaciones; niñas a quienes el sistema las ha puesto en una situación de vulnerabilidad y el Estado las somete de manera reiterada a situaciones que violan todos sus derechos, contraviniendo tratados internacionales donde el Estado chileno es signatario. Tal y como lo señalan diversas institucionalidades internacionales vinculadas a la protección de los derechos humanos: sabrán de la Convención del Niño (a) o de la Convención contra la Tortura.

Sólo para efectos de explicar cómo se pasa por alto lo que debiese estar a la base del debate, Helia Molina dice que “… hay momentos en que una mujer debe ser capaz de elegir lo que quiere”. Lo anterior, no es ni más ni menos que la libertad de decidir de las mujeres sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida.
Sólo para efectos de explicar cómo se pasa por alto lo que debiese estar a la base del debate, Helia Molina dice que “… hay momentos en que una mujer debe ser capaz de elegir lo que quiere”. Lo anterior, no es ni más ni menos que la libertad de decidir de las mujeres sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida.

Se les pregunta a los hombres cuántas veces han abortado, se les cuestiona porque en sus proyectos de vida no consideran ser padres. Muchos hombres abortan a diario, prueba de ello es el número de mujeres que se hacen cargo en solitario de la crianza y educación de hijas e hijos, siendo el ejercicio de la maternidad también una responsabilidad social.

La ex ministra también dijo que el proyecto impulsado desde el gobierno de Bachelet para despenalizar el aborto sólo por tres causales viene “suave”. Agrego, no tan solo es suave, y restituye un derecho que tuvimos las mujeres por más de cincuenta años y que en 1989 fue prohibido por la dictadura. Es “suave” porque la despenalización por tres causales alcanza al 3% de los casos, sólo la despenalización total y la legalidad del aborto que garantice atención digna y con estándares de calidad en salud, entrega una solución real a las mujeres.

“Muchas familias conservadoras han hecho abortar a sus hijas” en clínicas dentro y fuera del país; en hospitales públicos están quienes decidieron interrumpir un embarazo y no cuentan con los medios para hacerlo de manera más segura. Las niñas y mujeres que llegan a los hospitales por complicaciones, son atendidas con tratos crueles y denigrantes por funcionarias y funcionarios de la salud. Sus casos los conocemos sólo a través de la prensa, como los casos de las jóvenes delatadas y denunciadas por personal médico del Hospital Luis Tisné. En otros, las mujeres son esposadas a las camillas por la policía, criminalizadas socialmente.

No sigamos con las falacias, las mujeres siempre hemos abortado. Es la condición de ilegalidad la que nos expone a una situación de alta inseguridad en materia de salud física y emocional. Expone a las mujeres a prácticas clandestinas y al mercado negro, al cuestionamiento moral y a la persecución de aquellas que ejercen el “derecho” de la libertad de decidir.